Te resulta familiar aplazar para otro momento el comienzo de un régimen alimenticio: para el lunes; primero de año; para antes del verano y otras excusas que se argumenta con la intención de compensar emocionalmente la creencia de no ser capaz de llevarlo a buen término.
Te enfadas, estas nervioso/a, estas preocupado/a y directamente lo pagas con la nevera. Te atiborras de manera compulsiva y después te sientes culpable por reaccionar de esa manera… o, simplemente no puedes evitar comer ciertos alimentos que no son necesarios para mantenerte en tu propósito de adelgazar o mantenerte.